Algo más sobre las cirugías estéticas

Decimos en el título algo más sobre las cirugías estéticas, porque es mucho lo que se ha escrito y se dice sobre estos procedimientos que involucran por supuesto el aspecto físico de una persona, pero también el aspecto emocional.

 

En 2017, en la Argentina se realizaron unas 272.420 cirugías plásticas, de acuerdo a la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS). Un número impactante.

 

Estos resultados ubican al país en el segundo lugar de Sudamérica y en el puesto 16 en el mundo. Sin duda, estos datos son una muestra positiva de una disciplina en la que nuestro país se destaca por su profesionalismo, calidad de atención e incorporación de tecnologías que acompañan la evolución mundial en estos procedimientos.

 

Tanto es así, que las cirugías estéticas forman parte de un recorrido de placer o viaje de negocios de algunos turistas, que se animan a una intervención sencilla o relativamente rápida en su paseo por la Argentina. Nos referimos al turismo médico. De acuerdo a datos de Iprofesional, para el 2020. el aumento de las personas que viajan con este motivo elevará los ingreso de este rubro a los 500 millones de dólares en nuestro país.

 

La cifra es atractiva y tentadora. Basta con realizar una búsqueda online como “cirujano plástico Buenos Aires” para notar que, este tipo de ofertas no cesan de crecer. Sin embargo y si bien nuestro país es reconocido mundialmente por la calidad profesional y humana de los profesionales de la salud, existen algunos casos en los que esto no es tan así.

 

Lamentablemente, ha habido ejemplos de consultorios y centros de estética que funcionaban sin las debidas licencias, permisos e indicaciones que deben cumplir, en tanto son espacios destinados a tratamientos médicos y de salud.

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Algunos hechos conocidos masivamente incluso sorprendieron la opinión pública, porque quienes se mostraba como profesionales especializados no tenían ni siquiera un título habilitante. Este tipo de situaciones deben llamar a la reflexión, y por eso debemos recordar algunos consejos destinados a proteger a los pacientes.

 

Los especialistas insisten en que existen 3 grandes aspectos fundamentales a considerar a la hora de elegir este tipo de intervenciones. Primero, el conocimiento del profesional que realizará la operación. Esto implica indagar sobre sus antecedentes (recordemos que como pacientes tenemos el derecho de preguntar sobre la experiencia que tiene el médico, solicitar títulos y referencias en los colegios respectivos o instituciones que puedan brindar datos sobre la idoneidad del médico) para tener la certeza de que estamos en las manos correctas.

 

En segundo término, es muy importante estar atentos a la profilaxis en general del procedimiento, y específicamente, con el quirófano en el que se realizará la intervención. Existen por supuesto medidas estrictas en relación a los requisitos que estos espacios deben brindar, para poder alojar las diferentes intervenciones.

 

Preguntar sobre las acciones que eventualmente se realizarán, de existir alguna complicación no está de más. Es decir, en caso de urgencia, cuáles son los recursos o no, con los que se cuenta en el centro, si existen ambulancias disponibles, a qué hospital de mayor complejidad se derivaría el paciente, etc.
Finalmente, la valoración y el abordaje del profesional debe ser holística, con esto queremos decir que no es suficiente, aunque sí necesario por supuesto, contar con un apto físico o prequirúrgico para realizar una intervención, sino que también debe contemplarse el aspecto emocional.

 

Someterse a una cirugía facial, una rinoplastia o un tratamiento de la dermis puede parecer a simple vista algo simple, pero no lo es. Ya que involucra aspectos relacionados con la autoestimas y la forma en la que una persona se percibe a sí misma.

 

Un cambio de esta naturaleza no puede tener como único motivador una renovación estética como forma de solucionar mágicamente otros problemas. Sino que debe entenderse como un ingrediente más, que contribuye a una autoaceptación más armónica, que no excluye procesos internos y emocionales para optimizar sus resultados.

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