Algunos adultos con diagnóstico de TDAH han obtenido éxito y reconocimiento en determinadas actividades con un notable desbalance en otras.
Generalmente, las actividades en las que han tenido éxito se relacionan con estímulos fuertes, cambiantes y variados; con situaciones de urgencia, imprevisibilidad, creatividad o competitividad. Las áreas en desbalance se relacionan con la regulación de los afectos y de las relaciones familiares y sociales.
La información afectiva propia, el registro de las emociones de los demás y de todo lo que sucede en las relaciones interpersonales así como en el interior de la persona se realiza por medio de operaciones cerebrales que tienen como componente importante la capacidad de percepción, registro y control de lo que está sucediendo.
Ese “darse cuenta” de lo que “me pasa”, “te pasa”, “nos pasa”, puede verse seriamente afectado en adultos con TDAH.
A su vez, los demás al no sentirse reconocidos creen que nada le importa generándose conflictos adicionales. Este nivel de conflictividad vuelve a incidir sobre la atención y el control de los impulsos aumentando la desregulación emocional.
Las dificultades emocionales y relacionales se originan tanto en el déficit atencional como en la perturbación que los estímulos emocionales aportan a la atención.
Y, ¿cómo se soluciona esto? Con tratamiento especializado, orientación de entrenadores de conducta, entrenamiento en habilidades sociales, “prestando atención” a los propios procesos internos, manteniéndose informado acerca de lo nuevo en relación al tema en cuestión.
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