La susceptibilidad, la terquedad y la tendencia a discutir u oponerse parecen ser formas habituales de manifestación de los adolescentes. Más allá de las características propias de la etapa evolutiva cuando se vuelven un patrón de comportamiento exagerado y persistente se puede estar frente a trastornos de conducta.
Dichos trastornos pueden estar caracterizados por:
Desobediencia, oposición, rebeldía;
provocación, intimidación, amenazas;
precocidad sexual;
agresión y atentados contra personas o propiedades;
abuso de sustancias.
Pueden agregarse otras manifestaciones tales como:
Dificultades académicas;
menores logros generales y mayores posibilidades de fracasos escolares o deserciones;
resentimientos, rechazo social, marginación.
Actitudes de los adultos que empeoran las cosas:
Desatención, descuido o negligencia. Las conductas poco interesadas o que otorgan una falsa independencia dejan al adolescente con sus vulnerabilidades a meced de sí mismo y de posibles contextos riesgosos.
Relaciones confrontativas: La mentalidad de “bunker de guerra” indica guardarse rencor unos a otros. Algunas relaciones familiares o académicas pueden tener esta característica, la que lleva a enconos, malos entendidos y excesos de reacción antes situaciones mínimas.
Maltrato, menosprecio de su aspecto, lenguaje o comportamiento: Algunos adultos piensan que hablar con crudeza puede ser la única manera de imponerse, otros lo hacen como forma de respuesta al destrato adolescente; en ambos casos no se cumple con el cometido de ayudarlo en su desarrollo.
Juzgar, criticar, burlar, desmerecer: Pueden ser considerados indicadores de dificultad para ponerse en el lugar del joven y guiarlo en su ingreso al mundo adulto.
Actitudes de los adultos que mejoran las cosas:
Cambiar la perspectiva : Flexibilizar las creencias que indican lo que está bien o mal como conceptos externos a la realidad del joven. Dejar formas de pensar que no sean útiles aunque sean “verdaderas”. Comprender su enfoque y negociar la adecuación a las circunstancias.
Diferenciar la conducta de las emociones. Cada persona tiene derecho a la autenticidad de sus emociones y cada uno aprenderá sobre lo adecuado o no de expresarlas y cuándo y cómo hacerlo. En este sentido, es apropiado aceptar las emociones aún cuando la conducta sea inaceptable. Por ej.: se le puede hacer saber que no se le hablará cuando esté a los gritos o tirando cosas pero que sí se le comprende y acepta que esté enojado.
Superar las controversias : La actitud “todos ganan” resulta óptima como manera de resolver problemas creativamente y salir airosos de situaciones de pelea.
Consistencia y flexibilidad: La decisión de comprender, acompañar y guiar a adolescentes difíciles es en sí misma la que contiene y da seguridad de presencia bajo cualquier circunstancia. Esto mismo ayuda a los adultos con sus propios sentimientos de no poder con ellos.
Más allá de las dificultades que puedan presentarse criando a los hijos, tengan estos problemas o no, ellos nos dan la posibilidad de seguir madurando y volvernos sabios, (de lo contrario podríamos no cambiar, envejecer y volvernos seniles).
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