| Por la Prof. y Lic.: Gloria Marra Valle |
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Fuente: Christofer Grenn - Kit Chee, "El niño muy movido o despistado" Ediciones Médici, Barcelona, 2000. Páginas: 32 y 33.
El niño inatento se desconcentra fácilmente. Se aburre, se distrae y va cambiando de una tarea a otra dejándolo todo a medias. Los deberes se le hacen eternos y nunca consigue acabarlos. Deja perplejos a todos sus profesores: rinde mucho cuando están encima de él y prácticamente nada cuando se lo deja a su aire.
Las manifestaciones de este déficit cambian de un día para otro: un día un niño "sintoniza" perfectamente y al día siguiente parece estar "en otro planeta". Esta conducta también cambia de una situación a otra; algunos de los niños con mayores problemas de atención que hemos tratado podrían dejar que un compañero suyo se desangrara literalmente mientras están totalmente enfrascados en un juego de vídeo.
Esta variabilidad implica que los problemas de atención pueden pasarle fácilmente desapercibidos a un evaluador con poca experiencia en este campo. Algunos niños con TDAH parecen concentrarse bien en el ambiente novedoso e interesante de nuestra consulta. Algunos de estos niños rinden bien en situaciones de test, cuando el psicólogo les ofrece una atención personalizada, pero vuelven a perderse en cuanto regresan a una clase de 30 alumnos.
Las dificultades a la hora de entender instrucciones verbales y los problemas de memoria a corto plazo son particularmente importantes. Un padre le pide a su hijo que le traiga un par de cosas; el niño aparece al cabo de un minuto y le pregunta: "¿qué era lo segundo que debía traer?".
Hay un grupo interesante de niños con problemas de atención (pertenecientes al tipo de TDAH con predominio de déficit de atención) que se dejan distraer fácilmente por sus propios pensamientos. Estos parecen sumirse en sus cavilaciones más profundas en cuanto el profesor empieza a hablar. Mientras permanecen sentados plácidamente en su pupitre, sus mentes están a millones de kilómetros de distancia. No molestan a nadie, pero no aprenden nada. Se convierten en "los silenciosos fracasos escolares". Einstein fue probablemente uno de estos niños, un inteligente "fracaso escolar" más interesado en la teoría de la relatividad que en escuchar a su profesor.
Los adultos con síntomas residuales de TDAH suelen hablar de lo que mucho que les cuesta mantener la atención mientras leen. Otros afrontan sus problemas de memoria a corto plazo haciéndolo todo inmediatamente o escribiendo notas para acordarse de las cosas. A la mayoría de los niños y adultos con este tipo de problemas les cuesta mucho hacer cálculos mentalmente y recordar frecuencias de cifras."
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