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Fecha: 03-03-05  

>> Y ahora, ¿qué hice de malo?

Por la Prof. y Lic.: Gloria Marra Valle
 

Se dice de personas con diagnóstico de TDAH, problemas de aprendizaje o de conducta, que tiene dificultades para aprender de su experiencia; sin embargo, la tendencia de nuestra forma de educación es la de castigar a quién comete errores y, por lo tanto, entorpecer el aprendizaje.

Más allá de las limitaciones o condicionamientos cognitivos, afectivos o sociales que pueda tener una persona de cualquier edad, quiero poner el acento en ciertas fallas educativas.

Nuestras creencias culturales nos llevan a pensar, y a sufrir por ello, que no deberíamos equivocarnos. Socialmente tendemos a reprender el error y a premiar el acierto, como si los seres humanos naciéramos sabiéndolo todo.

Si en la forma de educación familiar y escolar predomina la sanción del equívoco sobre la tendencia a aprender de él, se empuja a las personas a ser excesivamente temerosos o temerarios.

Permitir y permitirse aprender del error, buscar alternativas de solución y aplicarlas, puede resultar mejor método de aprendizaje que avergonzar, sancionar o desmerecer.

Demasiadas veces esperamos que las personas se amolden, demasiadas veces esperamos “más de lo mismo”, en lugar de enriquecernos con la diversidad y la aventura del propio descubrimiento.

Sugiero tomar el error o la diferencia como invitaciones al cambio; aprender y enseñar a observar donde está, por qué se dio y cómo se puede solucionar. Podría ser la siguiente secuencia:

Error >> Darse cuenta >> Búsqueda de soluciones posibles >> Corrección >> Nuevo aprendizaje >> Fortalecimiento de la propia valía.

Si a las emociones perturbadoras que se producen por equivocarnos se les suma la denigración social y personal, es muy difícil que la persona tenga actitudes y emociones positivas hacia la tarea o hacia sí mismo. Si a las emociones perturbadoras que se producen por equivocarnos se les suma el aliento para volver a intentarlo, es más probable que la persona desarrolle actitudes tenaces y precursoras.

Si alguien necesita ser guiado para encontrar su error para encontrar los caminos de la corrección, o si necesita ser estimulado para sentirse motivado, también logrará nuevos aprendizajes y fortalecimiento de la propia valía, si la guía es adecuada.

El permiso para el ensayo y el error, para probar y corregir, abre las puertas a la creatividad, a la seguridad personal, al cambio positivo y entusiasta. La flexibilidad de pensamiento sobre la diversas maneras de aprender abre las puertas a relaciones humanas satisfactorias, respetuosas y agradables.