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Por la Prof. y Lic.: Gloria Marra Valle |
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En el DSM IV (Manual De Diagnóstico Y Estadística De Las Enfermedades Mentales, 4ª Edición), la Dislexia figura como Trastorno de la Lectura , y se evalúa según los siguientes criterios:
A. El nivel de lectura, medido individualmente por tests estandarizados de capacidad lectora o comprensión; está sustancialmente por debajo de lo esperado, con relación a la edad cronológica, a la inteligencia medida y a la educación apropiada para su edad.
B. El problema del criterio A interfiere significativamente con el rendimiento académico o las actividades diarias que requieran habilidades lectoras.
C. Si existe un déficit sensorial, las dificultades para la lectura son superiores a las que habitualmente van asociados con dicho déficit. Concretamente, Dislexia se refiere a las dificultades, más o menos serias, en la automatización de la lectura y/o la escritura.
En recientes estudios neuropsicológicos, se la relaciona con errores fonológicos. El proceso fonológico es el que produce la codificación y descodificación de los sonidos y los signos del lenguaje hablado o escrito. Estarían alteradas:
- La capacidad para efectuar representaciones mentales, a partir de la información fonológica,
- La capacidad de evocar palabras relacionadas con objetos, por lo que les cuesta recordar el nombre del objeto que están viendo (memoria a largo plazo)
- La capacidad, en la memoria de trabajo (memoria a corto plazo), de retener la información leída hasta concluir el texto, de diferenciar entre fonemas similares, de repetir letras, números, palabras o frases.
- La capacidad para explicar lo que han leído.
Para la detección temprana de la dislexia se sugiere observar las siguientes conductas:
- Retraso en el lenguaje.
- Confusión de palabras que tienen pronunciación similar.
- Dificultad para identificar letras.
- Dificultad para identificar sonidos asociados a letras.
- Dificultad para expresar ("encontrar las palabras") lo que siente, piensa o lee.
- Historia familiar de problemas en la lectoescritura.
Algunas recomendaciones escolares para la Dislexia y el TDA-H:
- Hacerle sentar en las primeras filas.
- Ayudarle a pronunciar correctamente las palabras.
- No utilizar el método "global" para el aprendizaje de la lectura.
- No pretender que alcance un nivel lector igual al de los otros niños.
- Prestarle una atención especial y animarle a preguntar cuando tenga alguna duda.
- Comprobar siempre que ha entendido el material escrito recibido.
- Comprobar que el material que se le ofrece para leer sea apropiado.
- Valorar los trabajos por su contenido, no por los errores de escritura.
- Recordar que requiere más tiempo que los demás para terminar sus tareas.
- Destacar los aspectos positivos en su trabajo.
- Evitar que tenga que leer en público.
- Permitirle, si le resulta útil, el uso de calculadora o grabadora.
- Permitirle el uso de medios informáticos y de correctores ortográficos.
- Enseñarle a tomar apuntes, mediante notas breves, sintetizando el contenido de una explicación.
- Darle menos deberes de lectura y escritura.
- Darle fotocopias, en lugar de hacerle copiar grandes párrafos de la pizarra.
- No ridiculizarlo.
- En una prueba escrita, preferentemente, no corregirle todos los errores de escritura.
- No hacerle repetir un trabajo escrito, sólo por haberlo escrito mal.
- Permitirle más descanso que a los demás , puesto que la lectura le comporta un sobreesfuerzo.
- Tomar en consideración que escuchar y escribir simultáneamente le puede resultar muy difícil.
La coexistencia o comorbilidad de Dislexia y TDA-H es frecuente, por lo que es necesario evaluar la capacidad lectora en personas con diagnóstico de TDA-H, así como la capacidad de atención y concentración en personas con diagnóstico de Dislexia.
El tipo de tratamiento que se aplique dependerá de la coexistencia o no de estos dos trastornos, motivo por el que es fundamental el adecuado diagnóstico. |