En el DSM IV (Manual De Diagnóstico Y Estadística De Las Enfermedades Mentales, 4ª Edición), el trastorno fonológico (antes Trastorno del Desarrollo de la Articulación) se evalúa según los siguientes criterios:
A. Incapacidad para utilizar los sonidos del habla esperables evolutivamente y propios de la edad e idioma del sujeto (p. ej., errores de la producción, utilización, representación u organización de los sonidos tales como sustituciones de un sonido por otro, utilización del sonido /t/ en lugar de /k/ u omisiones de sonidos, tales como consonantes finales).
B. Las deficiencias de la producción de los sonidos del habla interfieren en el rendimiento académico o laboral, o la comunicación social.
C. Si hay un retraso mental, un déficit sensorial o motor del habla, o una privación ambiental, las deficiencias del habla exceden de las habitualmente asociadas a estos problemas.
En el DSM IV, el Trastorno Fonológico está dentro de los Trastornos de la Comunicación, entre los que se incluyen el Trastorno del Lenguaje Expresivo, el Trastorno del Lenguaje Receptivo - Expresivo y el Tartamudeo.
Hay evidencia científica que relaciona los Trastornos de Comunicación con los Trastornos de Aprendizaje y con el TDA-H, por lo que, frecuentemente, aparecen como cuadros clínicos combinados.
En los Trastornos de la Comunicación, se da una combinación de factores que tienen que ver con procesos sensoriales, perceptivos, motores y cognitivos conectados al desarrollo cerebral y a las características socioculturales.
Deben evaluarse:
- Capacidad auditiva: patología temprana del oído medio y pérdida auditiva
- Atención auditiva: distracciones, dificultad para oir en medio de la muchedumbre, pérdida del hilo de la conversación
- Discriminación: diferenciación de sonidos familiares
- Memoria: capacidad para repetir secuencia de palabras o dígitos
- Comprensión del lenguaje: significado de palabras y estructuras lingüísticas
- Expresión oral y razonamiento lógico
- Formas de comunicación familiar: habilidades verbales de los padres, inserción social, cultural y económica de la familia, patrones familiares comunicacionales.
El tratamiento a seguir dependerá del diagnóstico prevalente, pero es siempre multidisciplinario. |