Fuente: MARTÍN MARTÍN, M.J. Capítulo 9.3 Tratamiento cognitivo conductual de la impulsividad. Impulsividad . Barcelona : Ars Medica, 2005.
La terapia cognitivo conductual es la forma de tratamiento en el que se aplican los hallazgos de la psicología científica. Los investigadores hacen estudios y llegan a conclusiones basadas en evidencias científicas. La terapia cognitivo conductual utiliza esos conocimientos para tratar a cada persona en particular, con la correspondiente adaptación a la realidad individual. Esta terapia tiene en cuenta los factores biológicos, el entorno, los pensamientos, sentimientos y comportamientos personales. La finalidad es que la persona desarrolle recursos y aprenda nuevas conductas que le permitan afrontar las situaciones perturbadoras de manera más beneficiosa.
En referencia a la impulsividad, existen distintas investigaciones y opiniones. Adoptaremos el criterio de sistema de autorregulación (1) para entender la impulsividad. Sería así; ante determinadas situaciones se producen fallas en la autorregulación que llevan a la persona a tener comportamientos precipitados, desubicados, irreflexivos e ineficaces. Luego, también hay que considerar la incidencia del ambiente en la exacerbación o no de dichos comportamientos.
Si al cabo las conductas pudieran resultar lo bastante inadecuadas, perturbadoras o peligrosas para si mismo o para terceros estaría indicado realizar la consulta y el tratamiento correspondiente.
La impulsividad forma parte de diferentes cuadros psicopatológicos (abuso de sustancias, trastorno bipolar, trastorno por déficit de atención con /sin hiperactividad, personalidad antisocial, trastorno límite de la personalidad, etc.), por lo que en lo concreto es necesario integrarla a las demás características que presenta cada caso en particular.
Como para cualquier tratamiento, es importante contar con la base científica tanto como con la consideración individual. En el mismo sentido de lo expresado en el artículo Empatía y sensatez , la adaptación de los conocimientos científicos a la vida real debe contar con la sensibilidad y el sentido común de quién esté a cargo del tratamiento.
Por otra parte, el término impulsividad se ha utilizado para denominar comportamientos no adaptados a los contextos. La conducta activa, espontánea y bien adaptada no será considerada impulsiva.
Si la curiosidad, el entusiasmo, la búsqueda de novedad, la aventura están reguladas en consonancia con el entorno, la conducta puede tener características de rapidez, audacia o creatividad y sus consecuencias serán positivas y deseables para la innovación de la vida.
(1) Bornas, X, Servera, M. La impulsividad infantil . Madrid: Siglo XXI editores, 1996.
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