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Fecha: 30-06-02  

>> Distraídos

Por la Prof. y Lic.: Gloria Marra Valle
 

Fuente: De Driven to distraction. Hallowel, Ratey. A Touchstone Book.

 

El Trastorno por Déficit de Atención (TDA) tiene varios subtipos clínicos pero, básicamente, puede dividirse en dos grandes grupos: con hiperactividad (TDA-H) y sin ella (TDA). Los primeros son inquietos, impacientes, impulsivos; los segundos son soñadores, perezosos y tímidos.

Sin embargo, la característica básica de ambas es que sus vidas están dominadas por la distracción. Son dispersos, no pueden mantener la concentración, se distraen en mitad de una conversación o de la lectura de una página. Su mente vaga de un lado a otro, de un tema a otro.

Tienen tendencia a enojarse fácilmente, porque neurobiológicamente no inhiben los impulsos como lo hacen personas sin este problema. Se descarrían fácilmente: cualquier novedad o el simple aburrimiento los desengancha de lo que estaban haciendo; pierden cosas; olvidan lo que aprendieron; tienen escasa noción del tiempo.

Es habitual que tengan problemas escolares, generalmente de aprendizaje, pero también, lo pueden tener de conducta y de relación.

Albert Einstein, Allan Poe, Bernard Shaw y Salvador Dalí fueron expulsados de sus colegios. Edison era el último de su clase. Abraham Lincoln y Henry Ford fueron considerados como niños sin futuro por sus maestros. Mozart era impulsivo, distraído, enérgico, emocional, creativo, innovador, irreverente, desconforme; todas éstas, características del TDA.

Así como hay una larga lista de adultos que han tenidos logros en sus vidas después de fracasos en la infancia, también, hay largas listas de personas cuyo espíritu se quebró en el colegio y no pudieron lograr su potencial.

El TDA también afecta las relaciones interpersonales. Las habilidades sociales son sutiles; una mirada, un gesto, cambios en el tono de voz... Dado que el individuo con TDA-H se distrae u olvida fácilmente, los demás empiezan a considerarlo egoísta, desinteresado, desubicado.

Entre los aspectos positivos el TDA-H se caracteriza por la creatividad, la energía, la inteligencia, la sensibilidad, el encanto, la fuerza de voluntad, el buen corazón. Sin embargo, muchos padres y maestros se enfadan con ellos porque notan que tiene habilidades, pero hacen todo pobremente.

Si de niños y adolescentes no son comprendidos, progresivamente, se revestirán de humillaciones, sintiéndose defectuosos o retrasados. Pueden parecer indiferentes, hostiles, egoístas o hastiados, cuando, en realidad, están confundidos y desorientados. Cuando peor se sienten, más reaccionarán enfadándose o paralizándose.

Cuando una persona, en su crecimiento, es considerada por sus padres o maestros como tonto, malo, desafiante o loco, el daño emocional que se le produce puede ser irreparable.

El TDA no diagnosticado envuelve al niño y a la familia en luchas innecesarias, culpas, recriminaciones, fracasos, y tristeza.

El diagnóstico precoz minimiza los daños tanto en el niño como en su familia, y orienta a los maestros.