El Dr. Mariano Fernández Enguita, catedrático de la Universidad de Salamanca, España, opina que el fracaso escolar es “un pasaporte a la exclusión social”, en el marco del primer congreso anual sobre fracaso escolar celebrado en Palma a fines de noviembre de 2004. (htpp://www.profes.net/actualidad2.asp?id_contenido=25600).
La exclusión social puede estar referida no solamente al aspecto socioeconómico sino también al relacional y emocional.
Cuando un niño o adolescente fracasa reiteradamente en su escolaridad, sentimientos de vergüenza, impotencia e inadecuación se apoderan de él.
Ser el de las notas bajas, el desprolijo, desordenado, impulsivo o desafiante, el siempre reprendido por olvidos, incumplimientos o desubicaciones, el que no entiende, el lento o el que no se expresa apropiadamente genera un circuito de auto realimentación que afecta la autoestima y la relación con los demás.
La sensación progresiva de ser negativamente diferente lleva a la exclusión, a la soledad y tal vez, a la hostilidad.
La inserción social se verá cada vez mas comprometida, por la baja autoestima y la torpeza o el escaso desarrollo de habilidades sociales, tales como: saber dirigirse y manejarse en distintas situaciones de la relación con los demás.
La inserción laboral se verá afectada por lo antes mencionado y por el déficit en la formación académica. Si esto se potencia con otros factores como pobreza, descuido, abandono, desnutrición, maltrato, inmigración, las oportunidades decrecen y la posibilidad de exclusión social se torna dramática.
En consecuencia, tanto el fracaso escolar como la marginación dejan de ser problemas individuales para convertirse en sociales, y por lo tanto la búsqueda de soluciones compromete a todas las personas en la responsabilidad de hallar estrategias creativas y concretas. |