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Fecha: 27-04-09  

>> La escuela, del infierno al paraíso

Por la Prof. y Lic.: Gloria Marra Valle
 

A www.distraidos.com.ar llegan correos desde lugares pequeños y desde grandes ciudades, de personas que viven en condiciones simples o sofisticadas, desde países con grandes diferencias culturales y económicas o en condiciones más homogéneas, sin embargo se reiteran las mismas dificultades de manera llamativa.

Los siguientes fragmentos corresponden a mensajes de personas de edades, funciones y países diferentes a pesar de lo cual el sufrimiento y la desorientación son similares.

 

“Como la maestra se quejaba a diario porque mi hijo no trabaja en clase, mamá y papá decidimos pasarlo a otra escuela con menor carga horaria, pero hoy su maestra me dijo que no sabe qué hacer con él para que trabaje en clase, que no borra lo que escribió en el pizarrón para que tenga todo el tiempo para copiar, pero que así y todo no lo hace. Ella no sabe qué hacer y nosotros tampoco, estamos muy angustiados porque ya lo cambiamos de escuela y aquí tampoco saben o no quieren ayudarlo.
Yo no quiero quitarle a mi hijo la posibilidad de tener una educación normal.” (Madre de un niño de nueve años).

“Usted no lo va a creer pero casi a diario tengo que quedarme más tiempo en mi trabajo y sabe porqué, es que los padres no pasan a retirar a los niños en el horario de finalización de la jornada. Primero los niños lloran y sus padres piden disculpas por las demoras, luego los niños se acostumbran y a los padres no les importa si yo me enfado o si me perjudican.” (Personal no docente de escuela de primer nivel).

“…No sé qué hacer. Lo he probado todo: alabanzas cuando su comportamiento era mejor, alabanzas por sus buenas notas, castigos, correcciones, retirada de la atención por su mal comportamiento, baja de las notas de actitud cuando el comportamiento ha sido peor, altas de las mismas cuando ha sido mejor, las formas de hablar más dulces y otras más duras, trabajar individualmente, por grupos, por parejas...
Necesito orientación porque cuando hay indisciplina en un aula, o algún niño con problemas  ¿sabe a quién le echan la culpa? ¡Pues al profesor, que no sabe llevar su clase!
 ¡Es que no se pueden poner amonestaciones! ¡No se puede llamar por teléfono a los padres!
No hay apoyo de las autoridades escolares, ni orientación para nuestro trabajo.” (Maestra de enseñanza intermedia)

“Todas las mañanas,
Me levanto para ir a un infierno.
Algo similar a lo que debe ser la colimba (servicio militar obligatorio),
No me extrañaría que me quisieran rapar (cortar el cabello muy corto).
Hay un niño rebelde que quedó fuera del sistema,
Por no adaptarse a este servicio militar.
Llega fin de año y odia a su inútil profesor.
El profesor no le importa si el alumno está disfrutando.”
(Estudiante de 16 años)

 Las relaciones educativas parecen estar en un conflicto sin fin, donde abundan los sentimientos de impotencia, confrontación, confusión y desamparo. Se reitera el mismo tipo de problema sin más respuesta que la desesperación individual ante la ausencia de salidas constructivas y conjuntas que hagan posible otra forma de convivencia.

 

 
Entiendo por “infierno” a las actitudes defensivas, a la impotencia y deseos de huir, al encerrarse en el propio punto de vista, al sufrimiento innecesario.
Entiendo por “paraíso” a tener en cuenta al otro y a uno mismo, al escuchar y escucharse, y particularmente, a poner lo mejor de cada uno para resolver problemas y mejorar la calidad de cada momento.   

En el camino al paraíso, el primer paso podría ser el de salir de la confrontación y evitar los choques.
No se trata de ver quién tiene la razón ni de buscar culpables sino de la decisión de comprender y colaborar unos y otros.

Los siguientes pasos podrían ser:
-reconocer las mejores cualidades de cada quién,
-destacar los aciertos,
-estar abiertos a los puntos de vista diferentes y a las alternativas de solución más creativas,
-y todo lo que se le ocurra a la originalidad del lector.

 

Aunque el título es un poco exagerado, la idea general sería estar dispuesto tanto a escuchar como a suavizar la protesta, ampliar las propuestas y sostener lo acordado.
Esto incluiría a autoridades y funcionarios escolares así como a las estructuras educativas que forman a los docentes y a las que los representan laboralmente.