Mi nombre es Verónica, vivo en el partido de Vicente López, Pcia. de Buenos Aires, República Argentina, soy madre de tres niños, dos de ellos tienen TDA, uno hiperactivo y otro no.
Yo he tenido dificultades en el aprendizaje, no fui tratada y sufro las consecuencias: faltas ortográficas; dificultad numérica, en identificar la derecha de la izquierda; en lectura y comprensión, memoria de datos actuales, mala caligrafía; pero no en motricidad fina, hago todo tipo de manualidades, he enseñado a hacer tapices y macramé.
Fui sumamente tímida, mi escolaridad fue bastante difícil, los objetivos eran mayores a los que podía lograr. Debía aprender a tocar piano y cantar, y por más que estudie durante 6 años no se tocar ni una sola nota, tocaba de oído y nunca me oyeron cantar, por más que me gusta cantar, no podía hacerlo por vergüenza.
La vergüenza, no sólo era por timidez, también por miedo a cometer errores, no me aceptaban errores. Me castigaban con penitencias, tirones de pelo, orejas y me amenazaban con enviarme pupila, sabiendo que no me alejaba de casa, ni me daba con extraños.
Mi vida fue una obligación permanente, hasta que me revelé por primera vez a los 18 años al dejar de estudiar lo que mi padre me impuso. Por esto me enviaron a un psicólogo, les dijeron que me dejaran tranquila que era normal que quisiera hacer lo que tenía ganas.
Otra cosa fueron las enfermedades. Tengo el recuerdo que desde los 5 años estando anémica y con infecciones de amígdalas, me colocaban inyecciones y me operaron de la garganta. Tenía fiebre los lunes por la mañana o cuando tenía pruebas, o me pasaba algo en el colegio y no podía hablar. Nunca encontraron el porque estaba con fiebre.
Para mis padres fui un problema, mi padre decía que cuando terminara la secundaria se iría caminando a Luján. Nunca tuvieron confianza en mí y decían este tipo de cosas. Terminé el secundario, el último trimestre en el cuadro de honor. Mi padre nunca fue a Luján. Ellos siempre me exigieron, pero nunca hicieron nada para apoyarme y todo lo que me decían eran amenazas o palabras que se las llevó el viento. Yo nunca fui así, por cumplir con ellos.
Recién a mis 43 años estoy comenzando a dilucidar que fue lo que me pasó en mi infancia, adolescencia y a los 37 años con una depresión, que me costó salir en más de dos años, por no ser tratada adecuadamente. Los diagnósticos fueron: depresión, trastorno de angustia y ansiedad, fóbica social y bipolar.
Hoy sabiendo que mis hijos tienen ADD, he buscado información y trato de darles el tratamiento adecuado dentro de nuestras posibilidades.
El mayor de los varones, Tomás, hoy tiene 15 años, fue tratado a temprana edad (3 ½ años), al no hablar y tener dificultades en la motricidad fina y gruesa, con un diagnóstico de inmadurez perceptiva.
Comenzó con fonoaudiología, psicología y psicopedagogía. Por la mañana iba al Jardín de Infantes y por la tarde de una a otra terapeuta, fue un martirio para él y para mí.
Al año siguiente comenzó con una Lic. en fonoaudiología de un instituto de chicos hipoacúsicos. El trabajo que hizo durante 4 años fue maravilloso, estaba dirigido por una persona, pero con la colaboración de otras profesionales de las distintas áreas. Por lo tanto el tratamiento pasó a ser interdisciplinario (fonoaudiología, psicología, psicopedagogía, kinesiología, motricidad y música).
Allí aprendió todo lo que la mayoría de los niños hacen naturalmente, pero mi hijo necesitó ser estimulado por profesionales y en casa. Yo colaboraba con manualidades, cocina, clasificación de distintas cosas que recolectábamos, hacíamos collages inventando cuentos.
No fue fácil, más cuando se negaba a hacer alguna cosa necesaria, me pasaba horas con él, y como no se podía dar a entender se enfurecía, rompía cosas, mordía y pateaba.
Como era uno de los más chicos del aula, más la inmadurez, decidí hacerlo repetir sala de 4. Eso le dió tiempo de maduración. Entre la terapia y este tiempo, Tomás pudo empezar a entender y hacer lo que se le pedía.
Al comenzar la Primaria se suspendió el tratamiento para ver como le iba solo. Le costó, cumplir los objetivos y socializares. Casi a fin de año volvió a tener apoyo con el grupo terapéutico. Pasó a 2º año y mejoró en la socialización, pero le costaba el aprendizaje, las maestras lo apoyaban.
En 3º año comenzó a ir a una escuela pública y no le pudimos brindar más el apoyo terapéutico y el pediatra decía que no tenía dificultades, por lo tanto tampoco me recomendaba nada. No tuvo maestra hasta Mayo y luego casi nuca iba. Como eran pocos chicos en el turno tarde, juntaron 2º, 3º y 5 año. Perdió lo aprendido, yo tampoco me ocupé de mis hijos al tener problemas familiares y comenzar con mi depresión.
Para fin de año decidimos cambiar a los chicos de escuela. La búsqueda fue bastante difícil.
Tomás había pasado a 4º año, apenas sabía leer, escribir, sumar, restar y no sabía las tablas de multiplicar. Tuvo clases particulares para que lo aceptaran en alguna escuela, ya que fue rechazado en Diciembre en varias de ellas.
En Febrero encontramos un colegio que lo aceptaron al tomarle una evaluación de capacidad más que de conocimiento.
Ante mi insistencia con el pediatra, me envió a un neurólogo. Me sugirió medicarlo con Ritalina. Lo consultamos en el colegio y nos dijeron que preferían darle tiempo. Avanzó bastante en el aprendizaje, en la socialización y en su motricidad gruesa, sin apoyo terapéutico.
Así cursó 4º, 5º, y 6º , a fin de ese año comencé a notar nuevamente dificultades en el aprendizaje, se le estaba tornando difícil, por más que lo estaban ayudando con sus estudios.
Cuando cursó 7º año conocí a una Pediatra especializada en estimulación temprana, que maneja un centro interdisciplinario. Comenzó a ir, lo atendía una Psicóloga que trabajó también la parte psicopedagógica.
Estuve viendo la posibilidad de una escuela técnica y el Liceo Naval. Conoció las instituciones que me habían parecido más adecuadas y nos dijo que quería hacer el curso de ingreso para el Liceo Naval.
Aprobó el ingreso al Liceo y en el colegio se llevó Lengua. Finalmente aprobó Lengua y entró al Liceo Naval, como alumno externo.
Es impresionante como cambió su actitud ante los estudios. Por más que el Liceo sea riguroso y estructurado, él fue quien lo eligió y está a gusto. Esa estructura es lo que lo hace sentirse contenido al saber que es lo que debe hacer, él solo debe dedicarse a los estudios; igual tiene trabajos de investigación, donde aprende a trabajar independientemente poco a poco.
Sus dificultades de motricidad gruesa ya no existen, practica deportes todas las tardes, le gusta y compite con otros colegios.
Creo que aún habría que apoyarlo en la motricidad fina al no poder sujetar correctamente los elementos por tener cierta rigidez en los movimientos. También, lectura, ortografía y matemáticas. Tiene apoyo desde el Liceo, pero creo que necesitaría otro tipo de apoyo en estas dificultades. No tiene tiempo al estar 13 hrs. diarias en el Liceo, pero las mejorías en Tomás en todos los ámbitos son notables.
Ahora presentaré a Alan, el menor de mis hijos, hoy tiene 12 años.
Alan fue un bebé sumamente tranquilo y alegre. Pero a los 8 meses comenzó a gatear, allí se acabó la tranquilidad, nunca más paró, luego fue incorporando palabras y tampoco paró de hablar.
A los 2 años comenzó a ir a una salita a jugar. La maestra decía que era inquieto, no obedecía y hacía lo que quería.
Siempre fuí de poner limites, más como era Tomás, no le permitía los berrinches, patadas, etc., pero las maestras poco ayudaban.
Al año siguiente entró a Sala de 3 en el Jardín donde iba Tomás. También era uno de los más chicos del aula e inquieto. Siguió con la misma actitud de hacer lo que quería en el colegio.
A los 5 años, en Pre- escolar la maestra nos pidió una evaluación psicopedagógica, lo veía inmaduro para pasar a Primaria.
Yo no sabía nada sobre el ADD hasta ese momento, cuando me invitaron a una charla informativa para maestras, en un Jardín de Infantes así podían detectar el ADD a temprana edad.
Al oír la charla, dada por una Neuróloga Infantil, coincidían las características de Tomás (inmadurez perceptiva), Alan (inquieto) y las mías (dislexia), todo ADD.
Después de esta charla me entregó un manual sobre como debía manejar la conducta de los chicos, no estaba muy errada con la puesta de límites, pero sí en cómo hablarles y las penitencia a solas.
Antes que me entregaran el informe psicopedagógico pregunté a la psicopedagoga; no sabía nada sobre ADD. Luego me entregó el informe, éste decía que Alan era ciertamente inmaduro, pero que tenía capacidad para aprender y que podía pasar a 1º año, no tenía sentido hacerlo repetir. ¡Gran error!
Comenzó 1º en la misma escuela pública que Tomás, a diferencia que había más chicos, la mayoría con problemas de conducta y una sola maestra que no podía con ellos. Alan se escapaba del aula, tuvo varios accidentes. Termino 1º, pasó a 2º sin saber leer y escribir los números.
También buscamos una escuela para Alan, tampoco lo aceptaban por el bajo nivel y la conducta.
Es aceptado en el mismo colegio que Tomás. Cursó 2º año del EGB, aprendió algo, pero los problemas de conducta seguían.
Al año siguiente se volvió a hacer otra evaluación y comenzó a pasar durante dos años por una serie de psicólogas que no supieron manejarlo, no podían controlarlo, muchas veces tuve que entrar para controlarlo y después me decían que debía hacer con él. Yo seguía con la poca información del ADD. Llegaron a decirme que Alan era neurótico, cosa que yo no acepté.
En el colegio había entrado siendo un chico simpático y charlatán, que invitaba o lo invitaban compañeros, cada vez había menos chicos que aceptaban su invitación y a él no lo invitaban. En el aula de payaso, pasó a ser molesto, burro hasta loco, cuando se burlaban de él por no poder hacer las cosas o al estar en penitencia, comenzó a perder los estribos.
En 4º año la situación empeoró, al punto de lastimar a una maestra y a chicos. La directora por temor lo apartaba cada vez más o lo suspendían.
Yo les pedía que no lo apartaran, que le pusieran límites firmes, con cariño, que lo abrazaran, trabajar sobre lo ocurrido y luego seguir, pero no lo entendían o no querían entender.
Ante la actitud de la directora de evadir el problema, le pedí que Alan asistiera solo por las mañanas.. Me lo negaron porque dejaba antecedentes y no querían chicos de media jornada.
Terminaba 4º y pasaba a 5º sin saber las tablas de multiplicar, apenas leer y escribir. No lo podía creer; pedí que repitiera, me dijeron que no lo veía conveniente por su baja auto-estima. Como si no la tuviera destruida ya con todo lo que había pasado. Además había sufrido con mi depresión que fue durante estos años.
Encontré una asociación privada, tuve una entrevista, luego lo evaluaron, el costo económico fue tremendo.
Mientras tanto también fui al hospital de Vicente López, una Neuróloga lo ve, me recomienda dos centros interdisciplinarios, era lo que estaba buscando y me entrega una carta donde sugiere que Alan no pase a 5º año, sin antes tener una evaluación correcta. Presento esta carta al colegio y la directora me hace escribir una carta como responsable por hacer repetir a mi hijo.
En Diciembre comienzo a buscar una escuela, pero no encontraba ninguna que lo aceptara.
Durante las vacaciones poco puedo hacer, solo me entregan un nuevo informe en el que confirman la dificultad de atención, agresividad e impulsividad.
Con tiempo vía Internet comencé a buscar información en el exterior y encontré otros centros aquí. Fui teniendo entrevistas, debía encontrar alguien con el cual yo estuviera de acuerdo y que pudiera pagar el tratamiento.
Finalmente tengo una entrevista con uno de los centros que me dijeron, en el hospital de Vicente López, es una Pediatra especialista en estimulación temprana, en el cual Tomás y Alan son muy bien tratados. Comienza con una psicopedagoga que cubre también psicología, luego otra con terapia laboral.
También cambio de pediatra, al verlo a Alan en la primera cita, lo deriva a un Neurólogo Infantíl.
Llevamos a Tomás y Alan al Neurólogo, les hizo estudios a ambos y unos cuestionarios.
Resultado : Tomas - Trastorno de Déficit de Atención
Alan -Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad, Impulsividad y Agresividad
Aún a mediados de Marzo, no había encontrado una escuela que lo aceptaran, porque yo mencionaba el trastorno de Alan. Finalmente vuelvo a una escuela pública que había vacantes por la tarde.
Había empezado con una maestra particular, para nivelarlo y lo ayudó durante todo el año.
Comienza nuevamente 4º año. Le menciono a la maestra que repetía por dificultades en el aprendizaje y que por favor viera que no lo agredieran ni que lo burlaran por ello. Más adelante solicito una reunión, les informo con más detalle y les entrego un informe de como deberían tratarlo.
El Neurólogo decide medicarlo con Rubifren para que prestara atención en clase.
Comienza a repuntar, él mismo se sentía bien al ver sus logros y que nadie se burlaba. Veníamos trabajando mucho sobre el control de sus impulsos, no tenía problemas en el colegio y en casa cuando había algún problema era tratado.
Hubo un inconveniente en la escuela, que sin querer golpeó a otro chico, por miedo se escapó del aula y se trepó a un árbol, luego muerde a la maestra, toma su bicicleta y se va de la escuela a casa. Me llama la vice directora, me cuenta lo ocurrido y me piden una reunión.
Llamé al Neurólogo y se ofrece a ir conmigo a la reunión. La primera pregunta fue si Alan estaba loco. El Dr. le pidió que tomara nota y le dictó sobre el trastorno de atención. Fue una excelente clase, las maestras eran dos chicas jóvenes que estaban interesadas. Fue un muy buen año para Alan, por primera vez se encontraba contento consigo mismo y vió que podía.
Al año siguiente, se complicaron varias cosas en casa y en la escuela. Aumentó el número de alumnos, hubo cambios de maestras, la conducta en el aula fue caótica, tratamos que fuera más responsable con sus obligaciones por lo tanto debía estudiar solo, decayó en los estudios y tampoco no pudimos seguir pagando el tratamiento terapéutico. El resultado fue no aprobar tres materias, que recuperó. Además nos mudamos.
Durante el verano volví al hospital y me encontré que ahora tenía la posibilidad de acceder allí a una psicóloga y psicopedagoga, allí fue asistido. Lo cambiamos de escuela para que fuera por la mañana, para una mejor organización y solo con su bicicleta. El Neurólogo decidió no medicarlo más y seguir con terapia.
Trato de darle autonomía propia, pero aún no cumple y hay que controlarlo. Le pido cosas que sé que le gustan hacer, así ve que puede y puede ir teniendo más confianza en sí mismo.
En los estudios me gustaría tener colaboración por parte de la escuela, pero aún las maestras no están lo suficientemente capacitadas o si lo están no pueden solas cuando hay varios con problemas de conducta o aprendizaje. Además hay una falta total de información.
Verónica Field de Paterson
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