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>> Carta a la directora del colegio de mi hijo

 

Muchas veces me he sentido tan incapaz y tan impotente que he llorado mientras Luis Enrique (esta por cumplir 9 años) ronda por la casa o por el patio de la escuela, haciendo ruidos extraños, moviéndose de manera extraña, parado en medio del salón ajeno a todo lo que le rodea, siempre desorganizado, la playera de fuera, los cordeles de los zapatos sin atar, los pantalones rotos, sudando hasta formar caminitos por su cara, hablando sin cesar, pasando junto a mi sin detenerse a atender mis palabras, pero siempre recordando fotográficamente detalles, con un lenguaje brillante y exacto, su platica desborda información difícil de creer que entienda, sus movimientos a veces son torpes.
Tiene una gran capacidad de amor y cariño pero se mete en problemas al demostrarlo pues tiene una "fuerza desmedida" al abrazar, besar o jugar con cualquier persona.
Tiene dificultad para la escritura, pero posee una memoria brillante, cuando no termina de apuntar en clase, se lo aprende de memoria y cuando llega a casa lo recita de memoria y con calma termina de escribirlo.
Le gustan las ciencias y tiene facilidad nata para las matemáticas.
Luis Enrique es mi segundo hijo y Jimena su hermana tiene 14 años. Desde muy pequeño detectamos que algo le ocurría a Luis y lo sobreprotegíamos en exceso, sin dejar de preocuparnos ante la evidencia de los síntomas, que empezaron a alarmar a las maestras.
Todos Mauricio (mi esposo), Jimena, Luis y yo, hemos pasado por terapias varias, en especial Luis enrique, psicólogos, neuropediatras, paidopsiquiatras, terapia psicomotriz, apoyo psicopedagógico, hasta hartarnos.
Desde el primer diagnostico, hace casi 3 años el neuropediatra receto ritalin, el cual comenzó a tomar 6 meses después y así con una terapia multidisciplinaria y "haciendo equipo", apostamos a salir adelante con ayuda permanente a Luis Enrique.
Mi hijo tiene déficit de atención con hiperactividad dath, con altibajos que nos meten en una verdadera "montaña rusa", hemos visto a lo largo de este tiempo claras muestras de mejoría y estabilidad, periodos mucho mas largos de atención y concentración, mejorando su socialización en la escuela, destacando académicamente y ganando confianza y autoestima.
Hoy por hoy se sabe cada vez mas del dath y somos capaces de dar respuestas a las actitudes que hacen parecer a nuestros hijos como "groseros", "irrespetuosos", "mal educados" o "agresivos".
Muchos niños con dath son catalogados como niños indiferentes o egoístas cuando únicamente no han aprendido a interactuar. Luis Enrique es mas talentoso de lo que aparenta, esta lleno de creatividad, juego espontáneo y buen humor.
Por lo general es generoso de espíritu y gustoso por ayudar, y tiene "algo especial".

Mi objetivo final es hacerles saber que en los chicos como Luis Enrique, la hiperactividad la van a vivir arrastrando toda la vida, y de lo que se trata es de convivir y sobrellevar este problema que si bien es molesto no es grave.
Para conseguirlo es necesario asesorarnos tanto padres como profesores y poner en marcha una serie de técnicas que ayudan a estos chicos y a los que le rodean.
Pequeños trucos como nombrarlo "ayudante de clase", encargarle recados y permitirle que realice tareas varias son esenciales para que se desarrolle con normalidad son diferentes pero no menos valiosos.

Nuestros maestros son los que mas pueden ayudarnos e influir sobre su aprendizaje y adaptación a distintos niveles puede enseñarle a controlar su comportamiento en el aula, lo que repercutirá en una mejor relación con los demás, en unos mejores resultados académicos y en una mejora de su autoestima.
Si, aprenden de manera distinta, miran el mundo con otra lupa, son muy inteligentes, muy creativos y sobre todo tienen una gran capacidad de aprendizaje y son sumamente perspicaces.

Ana Elena Rodríguez de Soriano