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Fecha: -   

>> Magdalena

 

Mi nombre es Magdalena,soy maestra de enseñanza primaria y deseo contarles mi experiencia como coordinadora de grupos de la Institución "Casa del Niño y del Adolescente", se trata de un programa dependiente de la Secretaría de Promoción Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina y tiene como objetivo crear espacios significativos con los niños, niñas y adolescentes para el ejercicio y la promoción de sus derechos.

Es un programa destinado a niños y adolescentes de 5 a 18 años en situación de exclusión social, es decir con dificultades para acceder y participar de bienes y servicios básicos. Son tres instituciones, una se ubica en la Villa 21 de Barracas, otra en Barrio Illia y la tercera en La Boca.

Se trabaja de la siguiente manera: dos coordinadores en general, una mujer y un varón coordinan grupos separados por edad en un horario a contraturno del escolar. El grupo se va conformando durante los primeros meses del año, donde realizamos actividades tendientes a articular los diferentes lenguajes expresivos (corporal, oral, escrito, plástico) y la relación entre lo individual y lo grupal, hacemos talleres de juegos, de plástica, de lectoescritura y realizamos salidas recreativas y culturales.

Durante el año se trabaja un "Proyecto se sala" de acuerdo a las necesidades, posibilidades e intereses de los chicos.
Los chicos concurren de lunes a viernes y en nuestro caso en un horario de 14 a 16:30 horas. Nosotros hablaremos de un grupo de chicos y chicas del barrio de La Boca que tienen entre 10 y 12 años, la mayoría de ellos viven en los conventillos ubicados en la zona de Caminito.

Los chicos llegan a la institución por diferentes vías : ellos mismos se anotan al vernos en la plaza, o tienen amigos que ya vienen, a otros los anotan los padres y en algunos casos por derivación de los psicólogos del Centro de Salud o derivados por las maestras de la escuela.

En general tienen problemas en la escuela, han repetido por lo menos un grado y las referencias de las maestras cuando tenemos entrevistas con ellas (se hacen dos entrevistas por año para hablar de cada chico y así realizar un seguimiento y planificar talleres o apoyo escolar).

Los problemas son casi siempre los mismos; que no atienden en clase, que no copian, que charlan con los compañeros, que no comprenden las consignas, que "están en las nubes", que no les importa la escuela, que tienen problemas de aprendizaje, etc, etc. La referencia es siempre en relación a la carencia, destacan todo lo que no alcanzan, todo aquello que deberían hacer y saber pero que según ellas no lo logran "por vagos" o porque no se sientan a estudiar o porque la familia no los ayuda o porque "pobrecito no le da" y algunas otras justificaciones.

Nosotros nos damos cuenta (suelen traer la carpeta para que los ayudemos) que copian sin saber qué es lo que han copiado, copian porque es lo mínimo que tienen que hacer para que no les vaya tan mal, deben tener por lo menos la carpeta completa, pero eso no significa en absoluto que sepan o hayan comprendido algo de lo que allí figura, han aprendido a sobrevivir en la escuela.

Las entrevistas con las maestras nos son de mucha utilidad para planificar talleres específicos que permitan abordar algunas problemáticas de base: dividir, leer corrido, escribir (algunos están en 5°grado y tienen serias dificultades para escribir), comprender textos, consignas.

El objetivo que perseguimos con estos talleres es que aprendan de otra manera aquellos contenidos que con los métodos escolares no han logrado.
El hecho de no saberlos dificulta el aprendizaje de otros contenidos y hace que continúen fracasando a medida que el curriculum escolar avanza y los deja atrás. Intentamos que esos contenidos cobren sentido en cada uno, que por ejemplo la división además de ser algo a aprender para pasar de grado ayude a resolver cuestiones relacionadas con su cotidianeidad, lo mismo con la lectura.

Organizamos grupos de modo que el seguimiento sea personal, generamos un clima de mucha confianza y siempre bajo la consigna de que no importa equivocarse, que todos sabemos algunas cosas y otras todavía no . Recurrimos al material concreto, a las repreguntas permanentes para ver cómo nos siguen en el proceso, no damos nada por obvio y tenemos en cuenta que los talleres no pueden durar más de una hora, si notamos que en algún momento se han distraído mucho paramos , nos damos unos minutos de descanso y retomamos la actividad.

Aquello que nos cuentan las maestras también puede verse en nuestras salas, pero la diferencia es que, dadas las características de la institución, nos podemos permitir trabajar desde ahí, tomamos estas particulares formas de actuar, de relacionarse, de aprender y generamos estrategias de trabajo que las incluyan, partimos de esa base sin esperar que sean de otra manera pero buscando que mejoren su forma de relacionarse con el mundo.

Tienen dificultad para sostener la atención por mucho tiempo entonces tratamos de que las consignas sean cortas y muy claras, los cuentos tampoco pueden ser muy largos ni con demasiados detalles, si presentamos una actividad con muchos pasos a seguir procuramos escribirlos en un afiche, graficar lo que hay que hacer, marcar y repetir lo más importante.

Observamos gran dificultad en seguir consignas, por lo general cuando se presenta una actividad comienzan a realizarla sin terminar de escuchar y si uno los deja, o continúan haciendo lo que suponen que hay que hacer o se enojan porque no saben cómo seguir, nosotros optamos por no permitir que nadie comience hasta que no se terminó de explicar todo y por lo general repasamos, es decir les vamos preguntando para comprobar si es que han entendido. Tratamos de siempre esclarecer los significados de las actividades, los objetivos, como para que se ajusten a las consignas.

Son chicos y chicas muy inquieto/as, al principio entraban a la sala y comenzaban a circular, se sentaban en la mesa, luego en una silla y en otra, se corrían dentro de la sala, etc. Frente a esto optamos por esperarlos con una ronda de sillas en el centro, de modo que el lugar que deben ocupar en ese primer momento del encuentro queda pautado. Comprobamos que esa ubicación además favorece la comunicación grupal que no es demasiado fluída.

Suelen hablar constantemente, interrumpir a los demás e ir levantando la voz a medida que se dan cuenta que los demás también hablan y no los escuchan, entonces el hecho de tener a los otros integrantes del grupo a la vista hace que cada uno registre mejor cuando habla el otro, cuándo puede hablar, qué expresa con el cuerpo el otro mientras habla. Además de esto nosotros constantemente tenemos que interceder para que se escuchen y se pueda dialogar, cuando se arma el griterío paramos todo y hacemos que comiencen a hablar de a uno, paramos toda vez que notamos que no se escuchan.

La ronda también permite darse cuenta quien está presente y quien ha faltado, registrar mejor a los compañeros.

Cada vez que comienza a producirse algún disturbio por ejemplo que se pelean, que se rompe algo, o que comienzan a gritar, a tirar o a golpear cosas, se contagia el caos , algo que puede comenzar con una mala mirada de uno hacia otro si no se lo para a tiempo puede terminar con el revoleo de cualquier cosa dentro de la sala, entonces en esos casos recurrimos también a la ronda, se vuelve a armar hasta que todos se calmen corporal y verbalmente, no se comienza a dar consignas hasta que todos se hayan calmado, se habla de lo sucedido, se trata de ver como se retoma y se aclaran las reglas para poder continuar.

En la sala hay un reglamento que se arma entre todos al comienzo del año y constantemente se hace referencia a ellas. Antes de cada salida se repiten las reglas y las consecuencias de no cumplirlas.

Muchos chicos en principio no lograban llegar a horario porque no se daban cuenta y se les pasaba la hora o no se acordaban cada día a que hora tenían que venir, entonces organizamos que otros compañeros los pasen a buscar hasta que pudieran incorporar el horario a sus días. Otra opción era relacionar el horario, las dos de la tarde, con algo presente en su cotidianeidad, el comienzo o el final de algún programa de televisión o con la llegada de algún familiar o vecino, etc.

Les cuesta mucho quedarse quietos, permanecer sentados, ni bien entran a la sala reclaman salir a la plaza y si uno les pregunta que prefieren hacer lo primero que dicen es salir . Entonces decidimos aprovechar el hecho de que la institución se ubica en el centro de una plaza, y dedicar media hora de cada día a jugar en ella, ahí ellos se organizan para realizar juegos como la mancha, la escondida o bien hamacarse, comprobamos que el hecho de saber que van a salir, que no se van a quedar encerrados, que van a tener tiempo libre los calma y los predispone para concentrarse aunque sea un rato.

Casi todas las semanas hacemos lo que titulamos "el cuerpo en juego" son diferentes actividades que implican el trabajo corporal, tienden a vehiculizar la necesidad de establecer contactos entre ellos pero no de la manera violenta en que la manifiestan. Se pegan mucho y cuando comienzan no pueden parar, comienzan jugando y no miden los daños.

Las actividades tiene que ver con conocer el propio cuerpo (medirse, compararse con los demás, experimentar masajes, probar la fuerza, la habilidad, etc.) y experimentar nuevas relaciones corporales con los demás (juegos de confianza en donde todos sostienen a uno, reconocer a otro a través del tacto, de la voz, de una parte de su cuerpo, juegos de luchas pautadas, etc.)

Cuando algún chico/a no puede parar de pegar o de interrumpir la actividad o no puede quedarse sentado, se le pide que salga de la sala, que registre lo que está haciendo, se lo acompaña afuera para que se calme y se le dice que puede regresar una vez que pueda actuar acorde al grupo. Muchos chicos luego de haber sido ayudados a parar han comenzado a darse cuenta por si solos cuando comenzaban a acelerarse y era el momento de buscar la calma, algunos piden salir un rato y volver porque "estoy nervioso". El objetivo de sacarlos de la sala es que registren fuertemente que deben parar, calmarse, que están actuando impulsivamente, que sientan el límite al que no responden con la palabra, son chicos que no pueden escuchar el "basta" y si no se los detiene pueden causar(se) mucho daño, desde romper todo lo que encuentran hasta lastimar a otros de palabra o físicamente.

También tendemos a que puedan solucionar aquello que han hecho a causa de su impulsividad, por ejemplo que cuando rompen algún dibujo o producción porque alguien les dijo algo o porque no podían terminarlo o por cualquier otro motivo, lo puedan volver a hacer o lo reparen, tratamos de introducir la idea de que aquello que no gusta o les parece que está mal se puede mejorar, se puede trabajar para mejorarlo, que las cosas no tienen que salir de una vez, que todo tiene un proceso... Se trata de que puedan finalizar, que cierren de la manera en que puedan aquello que comienzan porque la tendencia es a dejar todo por la mitad.

Cuando agreden impulsivamente a alguien deben pedirle disculpas personalmente o a través de alguna carta, es decir, hacerse responsables de sus actos y asumir las consecuencias.

Se trata de reparar lo ya hecho e ir pensando estrategias para anticipar consecuencias y evitar situaciones parecidas. Se trata de que registren esas escalas que la impulsividad no revela.

Estas son algunas de herramientas a las que recurrimos para poder llevar adelante las actividades en Casa del Niño, se me escapan muchas pero considero que reflejan un poco la perspectiva desde la que trabajamos, intentamos encontrar los modos más apropiados, aquellos que no dejen a nadie afuera, que incluyan a cada uno de los chicos con su modo particular de ser y de relacionarse con el mundo.