“Sólo había que comprenderlo, dejarlo ser y ayudarlo", en estas palabras podría sintetizarse el sentido más profundo del relato que Graciela, quién cuenta la experiencia en nombre propio y de Ramiro, su hijo, con la intención de que sea de utilidad, tanto a jóvenes como a padres de chicos con Déficit de Atención.
Ramiro perdió la vista en su ojo izquierdo a los 2 años, cuando accidentalmente una espina le causó un daño irreparable. Esto hizo que toda la familia, maestras, etc., lo sobreprotegiéramos en los años posteriores a la operación. No fue éste el único accidente que Ramiro tuvo. Puedo decir que desde que nació, siempre me pareció que habían nacido trillizos, sus hermanos nunca habían dado tanto trajín.
Todas las semanas las maestras me llamaban para presentar quejas sobre la conducta, o por el bajo nivel de aprendizaje. Finalmente, logró terminar la escolaridad primaria años después, en adultos. De más está decir que nada de lo que leyera parecía comprender. Repitió de grado dos veces.
Fue un deambular por psicólogos, pero en vano. Era un "chico rebelde" con evidentes problemas de conducta. Sin embargo, el aprendía de todo, tan solo mirando: mecánica, computación, música, etc. Intentó seguir el secundario, pero no pudo.
Desde los 3 años, él dijo que quería volar. De hecho, muchos de sus accidentes han estado relacionados con su pasión por las alturas. Intentó ingresar en la Fuerza Aérea para seguir el curso de piloto, luego intentó como paracaidista, pero su ojo izquierdo se lo impedía, no pasaba el examen médico. Fue una gran frustración para él. Pasó por momentos de tristeza y depresión.
A los 17 años, conocimos a Gloria y su equipo de profesionales, que diagnosticaron Déficit de Atención con Hiperactividad e Impulsividad. Ahí comprendimos lo que le pasaba a Ramiro.
Al poco tiempo, Ramiro se enteró que un hombre del pueblo en el que vivimos volaba en parapente. Pues lo persiguió hasta que logró su cometido: le enseñó a volar. Gloria le había explicado a Ramiro que si gustaba de las actividades de riesgo, debía tomar siempre precauciones (cosa que hasta ese momento no hacía) y tratar de ser el mejor. Lo tomó al pie de la letra y, según dicen, es muy bueno en lo suyo.
Ha viajado por Suiza, Francia, voló sobre el Mont Blanc, tiene amigos de todo el mundo. Todos los años, viaja a Castejón de Sos, España, donde hay un centro de parapentismo, donde además de volar trabaja 3 meses como parrillero en un hospedaje donde un argentino y una española lo han "adoptado". Viaja por Argentina el resto del año y trabaja en la cosecha como empleado rural.
Pero lo que más rescato de sus logros es en lo que coincidíamos con Gloria hace poco: me dijo que es feliz y eso es lo único importante que creo los padres debemos desear para nuestros hijos.
|