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Cuando la pareja está en conflicto la relación familiar queda afectada y afloran sentimientos de vulnerabilidad personal para todos y cada uno.
La ruptura de la pareja llega luego de cierto tiempo de tensiones que también son registrados por los hijos más allá de su elocuencia.
Las personas desarrollamos recursos para manejarnos en un nivel de tensiones en el cual nos sentimos capacitados para afrontar los hechos; cuando ese nivel aumenta y supera esa capacidad estaríamos hablando de estrés.
El estrés suele tener un efecto acumulativo que refuerza negativamente el conflicto emocional y produce sentimientos de desprotección e impotencia.
Cuando los adultos de una familia están pasando por la crisis del divorcio se sienten inseguros, solos, desilusionados, heridos y en muchos casos, fracasados o engañados; esto aumenta el riesgo para los hijos de sufrir descuido, abandono o violencia.
El diagnóstico de TDAH o de otros problemas afectivos en algún miembro de la familia, sea adulto, niño u adolescente, potencia aún más lo antedicho, pudiendo llevarse una situación de crisis de la vida a otra de caos y disgregación.
Tres sugerencias básicas:
. Buscar y pedir, explícitamente, ayuda (familiares, amigos, profesionales, grupos de autoayuda, filosóficos, religiosos, espirituales).
. Dar sostén, explicaciones y comprensión a los hijos.
. Ofrecer u ofrecerse formas de organización transitorias bien delimitadas, por ej: "esta noche dormiréis en la casa de papá y mañana, mamá pasará a buscaros al mediodía, luego, hablaremos sobre cómo organizaremos nuestras actividades". Esto dependerá de la edad de los hijos, de la capacidad de diálogo entre los padres y del estado emocional, comunicacional o económico de cada adulto.
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