| Por la Prof. y Lic.: Gloria Marra Valle |
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Fuente: Hallowel, Ratey: Driven to distraction. A Touchstone Book.1995
"Desde que llega del colegio (17 horas) hasta que se va a dormir (22 horas) se producen 6 ó 7 conflictos, y esto es todos los días."
"Se la pasa tirado, mirando la televisión o jugando con los videojuegos. Le pides que haga sus tareas, y contesta: "Ya voy"; pero pasan las horas, los días y las semanas, y todo sigue sin hacer."
"No cumple con lo que promete, no recuerda o dice que no se acuerda de sus compromisos."
"Contesta mal, tira cosas, no le importa nada ni nadie."
"Parece estar en otro mundo."
"Con lo desordenado y lacónico que es, ¡cómo no se le van a perder las cosas!"
Frecuentemente, en las familias con algún miembro con TDA-H se establecen relaciones de constantes luchas, tensiones y sobresaltos.
Cuando alguien falla crónicamente en cumplir con sus obligaciones, en ser puntual, mantener sus cosas en orden, en cooperar con la vida familiar,... los padres tienden a poner límites rígidos y a aumentar la severidad de las reprimendas. El niño o adolescente se vuelve cada vez más terco, oposicionista y desafiante. Los padres van perdiendo empatía con él y él con ellos. Se producen verdaderas batallas donde ninguno de los dos bandos entiende las razones ni los sentimientos del otro. Como en todas las guerras, hay varios frentes: tareas, actitudes, cooperación, responsabilidad, etc.
El conflicto puede desatarse por cualquier tema, por más trivial que sea; pero, cuando el estilo confrontativo se ha instalado en la relación familiar, no se puede predecir un final constructivo. Suelen lograrse pequeños objetivos, aunque, generalmente, a tan alto costo que a veces parece peor.
Algunos padres, al sentirse desafiados, tratan de imponer un régimen familiar dictatorial; otros tienden a dejarlos liberados a su suerte, cayendo en la desprotección; y otros dudan entre ambos extremos, pasando de dejarlos hacer cuanto quieran a querer controlar todo férreamente.
Cuanto más se demore el diagnóstico de TDA-H, mayores son los efectos negativos sobre la familia y los individuos.
¿Cómo solucionar esto?
Con:
1- El diagnostico del TDA-H.
2- La adecuada orientación a la familia.
Las familias se suelen resistir a las creencias que se han formado sobre el niño ("Es vago", "Es desobediente", "Es insoportable"). Algunas veces, les cuesta aceptar el diagnóstico, queriendo explicar todo por la mala voluntad o los malos sentimientos del niño; otras veces, por malos ejemplos de los adultos ("Hace lo mismo que el padre") o por problemas en sus relaciones (conflictos conyugales, divorcio).
Sin desestimar éstas y otras causas, el TDA-H es una entidad clínica diferenciada, que excede a los conflictos psicológicos o de relación.
Las familias también son resistentes a los cambios de rol . Si alguien fue la oveja negra durante años, será difícil que lo vean de otra manera. Pero, con ayuda terapéutica, "la gran batalla" dará paso a la "negociación de paz".
Los niños pequeños necesitan límites claros y estructuras en las que moverse. Pero, a medida que van creciendo, toda la familia puede aprender el arte de la negociación . A los niños pequeños con TDA-H no es conveniente darles a elegir entre varias opciones, porque los excita demasiado y se sienten descontrolados. A los niños mayores se les pueden dar opciones y enseñarles a negociar (respecto al compromiso que conlleva cada opción, y sobre lo que ellos deben hacer para alcanzar una u otra).
Para algunas personas con TDA-H es excitante pelear y aburrido y frustrante negociar. Sin embargo, el necesario aprendizaje de la convivencia lleva a todo ser humano a mediar entre sus necesidades y las de otros.
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