En las familias con un niño o un adulto con TDA-H asiduamente se dan patrones de comportamiento lo suficientemente frecuentes como para producir serios problemas en la convivencia:
· La gran batalla:
Cuando un miembro de la familia falla crónicamente en cumplir sus obligaciones, en realizar sus tareas, y/o no puede moderar sus reacciones, empiezan a producirse ataques y contraataques.
El clima familiar se vuelve tenso y con frecuentes peleas.
· El gran mal entendido:
Dado que los errores en la comprensión del lenguaje verbal y gestual son un problema frecuente en ciertas formas del TDA-H, pueden observarse grandes malos entendidos en la relaciones familiares.
Se ofenden unos con otros, puede haber mal trato y resentimientos.
· La gran descarga:
Algunas personas (especialmente las que padecen TDA-H) descargan impulsivamente emociones negativas (rabia, celos, miedos) tirando cosas, rompiendo, peleando a otros y/o evadiéndose de situaciones.
Las otras personas de la familia pueden sentirse francamente agredidas, ofendidas o dejadas de lado. Cuanto menos consideran que este tipo de reacción es francamente desmedida y propia de alguién enloquecido.
Los estudios estadísticos indican que comparando función materna y paterna es mayor el nivel de perturbación del clima familiar cuando es la madre quien padece TDA-H que cuando es el padre.
En relación a los hermanos provoca mayor perturbación cuando es un hermano mayor e hiperactivo que si es menor, sea hiperactivo o no.
Considerando que una buena parte de los síntomas de TDA-H tienen base neurológica pero que las relaciones afectivas y sociales hacen el resto, se hace imprescindible un adecuado asesoramiento a la persona y a su familia para asegurar una mejor calidad de vida.
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