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Fecha: 10-03-05   

>> Autoestima y autoconcepto.

Por la Prof. y Lic.: Gloria Marra Valle
 

AUTOESTIMA Y AUTOCONCEPTO

“Yo estaba durmiendo, mi papá me despertó tirándome de la cama al piso, porque no tenía quien le hiciera el desayuno. Yo no sabía que debía hacerlo, nunca me lo había pedido antes, tampoco sabía cómo hacerlo... Pero mi mamá no estaba y él quería tomar el desayuno.”

(mujer, 30 años, el episodio fue cuando tenía 9 años.)

“Tú quieres matarme, que me enferme o me vuelva loca, por eso quieres irte a vivir sola. No te importa para nada lo que le pueda pasar a tu madre. ¡Eres egoísta!, ¡Eres desconsiderada y mala!.”

(mujer, 31 años, la madre tiene 57 años).

“Bueno para nada, manos de tijera, torpe o inútil, era la manera como mi padre me llamaba cuando yo me equivocaba... y eso sucedía bastante a menudo.”

(hombre, 28 años).

“Mi madre me critica todo el tiempo, desde la manera de vestir a lo que hago o digo... Me critica de arriba abajo... Si ella pudiera comprenderme, sería magnífico, pero no creo que eso ocurra nunca... Aprendí a no contar con ello.”

(hombre, 24 años).

“Cuando era una niña, recuerdo a mi hermano tirándome por el aire y encerrándome en el placard; mis padres decían que era sólo un juego... Mi hermano sigue siendo muy bromista; a veces me resulta imposible de tolerar, me pongo a llorar. Entonces mi padre dice que no tengo sentido del humor.”

(mujer, 16 años, hermano 26 años).

“Mi marido tiene la costumbre de decir lo que no le gusta de mí delante de otras personas. Cuando estamos solos, no me reclama nada; cuando hay otras personas, parece que disfruta haciéndome quedar mal.”

(mujer, 34 años).

“Mi madre me dijo: Deberías tener una novia como la de tu primo. No sabes elegir la chica que te conviene... Tampoco sabes lo que es el amor... Vosotros estáis juntos, porque sois dos fracasados”.

(hombre, 24 años).

Algunos de los ejemplos citados son extremos; sin embargo, frecuentemente escuchamos comentarios similares, mejor o peor intencionados.

Cuando las pautas de comunicación familiar o las formas de educación están basadas en la crítica y en remarcar los aspectos negativos, la probabilidad de agudizar o desarrollar problemas cognitivos, emocionales o sociales aumenta.

Las siguientes son formas de comunicación que pueden resultar nocivas para el psiquismo:

•  Criticar, desvalorizar, amenazar o castigar.

•  Reprochar, acusar, inculpar.

•  Hostigar, acosar, provocar confusión.

•  Hacer sentir que la persona no es lo que padres o maestros esperan de él.

•  Hacer sentir que al decepcionar, ocasiona dolor, perjuicio o malestar a otro.

•  Hacer sentir diferente, feo, malo, tonto, loco, inadecuado, ridículo, no aceptado.

•  Manejarse con chiste o broma que ocultan agresión o desvalorización.

•  Avergonzar marcando errores en público o someter en privado.

•  Sancionar por no saber cosas que deben ser previamente enseñadas.

•  Comparar reiteradamente, de manera desfavorable.

•  Hacer sentir culpa por tener alguna cualidad envidiada, por estar alegre, por tomar decisiones, por diferenciarse.

Si para cualquier persona estas formas de comunicación son devastadoras, para quienes tienen diagnóstico TDAH, trastorno de aprendizaje, problemas emocionales o algún tipo de discapacidad, pueden trasformarse en infranqueables.

La valoración que cada uno hace de sí mismo está vinculada al aspecto físico, a la aceptación social, a las habilidades académicas y no académicas en relación social.

La aprobación, el apoyo y la comprensión que una persona tenga, especialmente durante su desarrollo, afecta directamente su sentido del propio valor y la manera en lo que se percibe y acepta a sí mismo.

La autoestima es el valor que cada uno asigna a sus propias características, capacidades y comportamientos. El autoconcepto es la creencia de quién es uno.

Si el individuo cree que la tarea que tiene que hacer es difícil, pero que él tiene capacidad para hacerla, tendrá una actitud mucho más favorable que quien crea que la tarea es difícil y no confía en su capacidad para hacerla.

La actitud personal como manera de afrontar situaciones está construida sobre capacidades propias y adquiridas en las relaciones cotidianas.

La opinión social y las propias creencias refuerzan de manera positiva o negativa, tanto la propia valía como la de la meta a alcanzar.