-“ Tengo 35 años, soy madre de dos niños autistas y otro hiperactivo. Mi esposo y yo estamos desesperados, hay días que no podemos trabajar ninguno de los dos.”
-“La madre de mis hijos mayores está internada por depresión...entonces, ellos están viviendo conmigo, pero todo es muy difícil. Se llevan bastante bien con mi actual esposa y con mi hijo menor. Pero cuando Francisco rompe cosas, no se queda quieto, no obedece o cuando Carla tiene esos ataques de llanto todo se hace muy pero muy difícil. Ahí es donde pienso: yo no voy a poder con todo esto. ”
-“Tenemos dos hijas adoptivas, una tiene diabetes juvenil y es muy rebelde, la otra es muy buenita aunque el aprendizaje le cuesta tanto que no sabemos si seguirla mandando al colegio o no. Pero por lo que estoy más preocupada es porque mi esposo tiene que ir a diálisis más seguido mientras espera el transplante de riñón... También estuve pensando en ser yo el donante”.
Los procesos pueden ser crónicos, severos e irreversibles. El funcionamiento familiar puede verse severamente afectado por problemas físicos, psíquicos o relacionales. Sin embargo, es importante saber que cada grupo familiar hace lo mejor que puede dentro de las posibilidades que tiene, aún cuando se sienta superado por los acontecimientos.
Los tratamientos médicos, psicológicos o pedagógicos aún cuando sean totalmente adecuados pueden resultar insuficientes. Las redes sociales, las agrupaciones de personas en circunstancias similares, el apoyo de entidades gubernamentales y la solidaridad pueden aportar otra forma de sostén para familias extremadamente exigidas. Así como el apoyo filosófico, religioso o espiritual puede llevar calma y sentido a padecimientos individuales o familiares, al menos cuando los involucrados lo crean necesario.
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