Que dos personas formen una pareja no significa que sean “parejos” a la hora de intercambiar opiniones, disentir, discutir o acordar. Fuera de que cada uno tenga su propia manera de sentir, pensar y actuar algunas características personales pueden alterar la comunicación.
Convierte en desparejo el diálogo de la pareja cuando uno u otro sea:
más impulsivo, gritón o intimidador
más sensible, llorón o dependiente
más crítico o acusador
más permeable o culposo
no encuentre las palabras para expresar lo que siente o piensa
no se de cuenta de sus sentimientos
sea emocionalmente explosivo o lo inunden las emociones
no tenga facilidad para adaptarse a los cambios
reaccione evitando los conflictos (no hablar, evadir)
olvide los detalles, no recuerde acontecimientos como para refrendarlos
no se de cuenta de lo que le pasa al otro o reaccione tarde
Algunas sugerencias para las dos partes son:
Reconocer que puede haber un desequilibrio en la comunicación aún contando con buena disposición para dialogar.
Autoconocerse tanto en las habilidades como en las limitaciones.
No esconder intensiones ni manipular adrede.
Evitar presionar sobre los aspectos desparejos, por ej., si a uno le cuesta expresarse y llora, no hacer de eso un motivo de burla o enfado sino darle tiempo a que se recomponga.
Desarrollar las habilidades que ponen a las personas en desventaja.
Decir la verdad personal, preferentemente con el enunciado: “yo siento...”, “yo pienso...”
Evitar acusar o atribuir al otro intenciones o motivos por los que se comporta de determinada manera.
Saber escuchar
Dar apoyo a la verdad del otro. Comprender no es doblegarse, es tomar la decisión de ponerse en el lugar del otro.
Suavizar las diferencias
Defender la verdad personal sabiendo dar prioridad a lo más importante.
Finalmente, si esto no alcanza, pedir asesoramiento profesional, dado que, el hecho de que una pareja tenga problemas en su convivencia no es igual a que se haya agotado el amor. Simplemente, puede estar ante un diálogo desparejo.
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